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Pro orantibus


Raquel Oliva

El día de hoy, festividad de la Santísima Trinidad, se dedica a la vida contemplativa y se escuchan cosas como: "hoy rezamos especialmente por aquellos que se dedican única y exclusivamente a orar". ¿Ser contemplativo es dedicarse exclusivamente a orar? Si esto es así: quien lava la ropa, limpia, se encarga de la administración, recoge peras de la huerta... no sería contemplativo; de ser así, ni las monjas que tienen cargos en el convento (es decir, ninguna, porque todas hacen algo) serían contemplativas; ni la Virgen María, que era esposa, madre y cambió pañales sería contemplativa, cuando la Virgen María es la contemplativa por excelencia. ¿Qué es ser contemplativo?

Pues es un tema bonito y complejo. Pero diré algo. El otro día estaba yo en unas jornadas sobre el ocio en la Antigüedad (https://www.youtube.com/live/Y7H2fwPV_ps?feature=share). En ellas se habló de que el ocio se vinculaba a la contemplación, pues es evidente que quien tiene tiempo libre, como yo cuando me voy a monasterios en verano, tiene tiempo para serenarse, parar, pasear, pensar sobre el sentido de la vida, en Dios,... y en silencio y calma, todo le va hablando del Creador: una flor que parece haber sido puesta para mí; un pájaro que, libre, extendiendo sus alas me recuerda cómo debe ser la vida en el espíritu; el mar, rugiente, que me recuerda que Dios puso un límite al mal y a la muerte... pero, ¿ser contemplativo es retirarse de lo cotidiano para, en esa tranquilidad, "contemplar a Dios"? Si esto fuera así, sólo alguien que no necesite trabajar, ni fregar el suelo, ni pagar facturas, ni recoger la ropa tendida, ni planchar, ni preparar clases, ni estar 8 horas en una silla de oficina... podría ser contemplativo.

Por otra parte, en los primeros siglos del cristianismo, es decir, en el s. I, II y III, no existía la llamada vida anacoreta, solitaria, en que uno se iba al desierto bien solo, bien acompañado para vivir en cenobios donde se llevaba una vida de soledad, silencio, apartamiento del mundo, penitencia, etc. ¿La vida contemplativa no existió hasta el s. IV?

La vida contemplativa en la Iglesia surge cuando hay algo que contemplar y esto que se contempla es el misterio del Dios trinitario, pues vida contemplativa también había entre platónicos, mucho antes de que naciera Cristo en Belén. Nosotros contemplamos al Dios Uno y Trino y los misterios que nos ha revelado, es decir, sus misterios en Carne. Dicen los primeros Padres de la Iglesia que los profetas "veían" estos futuros misterios y hay que decir que los profetas eran contemplativos, siempre atentos a los misterios de Dios. Habacuc andaba preparando un guiso cuando el Espíritu de Dios lo cogió de los pelos para ayudar a Daniel que estaba en la fosa de los leones. Dios entra en lo cotidiano. Guisar es algo muy de la vida cotidiana. La Virgen, como ya he dicho, era madre de familia y "guardaba todas las cosas en su corazón". Entonces, creo que la contemplación no está ligada a un paraje, a unas condiciones ideales de soledad, silencio, ubicación, apartamiento de lo cotidiano, sino que la contemplación está ligada al Espíritu. Se puede ser monje de clausura y no vivir del Espíritu de Dios, de tal suerte que el retiro, la soledad y el silencio estarán llenos de otras cosas, pero no de la contemplación de Dios. Se puede estar en la metro de Sol, como dicen en la película "Libres" y contemplar al Vivo.

San Francisco de Asís siempre tuvo claro que sus casas debían estar cerca de los pueblos, pues los mendicantes siempre entendieron que su vida no era apartarse de los hombres, sino estar con ellos; ahora bien, eran contemplativos y su evangelización brotaba de esa contemplación. Así viven las Hermanitas del Cordero que tienen monasterios urbanos. Ese era el modo de vivir de los primeros cristianos: vivían en el mundo, pero siendo la sal del mundo.

Por tanto, para mí, la vida contemplativa no es otra cosa que la vida en el Espíritu, quien vive en el Espíritu de Cristo, no puede no contemplar los misterios de su salvación en el estado de vida en el que se halle: casado, contemplará como casado, con su vida, con su trabajo, soltero, madre, hijo, profesor, bombero, etc. Por ello la contemplación no se limita a 8 días de ejercicios espirituales, aunque haya que buscar silencio, quietud en momentos puntuales y, claro está, todos los días, porque la criatura, está llamada a descansar todos los días en la Manos de su Creador.

Bueno, ¿entonces hay que erradicar los monasterios y a los ermitaños?, ¿para qué sirven si todos los cristianos son contemplativos? Pues no, no hay que erradicarlos, porque me quedaría sin destino vacacional, entre otras cosas... y porque subrayan un aspecto de la vida de todo cristiano: la oración. Cada movimiento en la Iglesia, cada realidad eclesial, subraya un aspecto de la vida cristiana, pues ninguno agota a Cristo; pues todos los monasterios y ermitaños, independientemente de su carisma, subrayan, recuerdan, alzan una bandera en favor de la oración: la intercesión por la Humanidad. Es decir: nuestro carácter sacerdotal. Este es el punto crucial de la Jornada "Pro orantibus". No que se hayan retirado, no que estén en silencio, no que sea un camino de santificación personal en apartamiento... sino que su día, estructurado por la Liturgia de las Horas, tiene como fin lanzar un Kyrie Eleison continuo a Dios por toda la Humanidad, como incienso en su presencia; recuerdan que Dios es Dios. Y esto lo viven en común (monasterios) o en soledad (ermitaños).

Gracias a Dios, la Teología, si se vive con el corazón recto, tiene mucho que ver con la contemplación de los misterios de Dios. Así lo entendieron san Buenaventura y santo Tomás, dos mendicantes, dos grandes contemplativos que vivían en conventos, pero daban clases, tuvieron cargos, iban a concilios y recorrían Europa a pie o en burro por unas cosas o por otras... trabajos no les faltaron, disgustos tampoco, y contemplaron a Dios, quizá no como ellos habría querido, pero sí como Dios les pidió.

Termino con una frase que me cambió la vida: "el Pneuma está en rellenar sobres con christmas". Ese día entendí que para contemplar no necesitamos condiciones ideales, sino el Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios es el que rompe la fractura ocio-ocupación. Lo veo en los Santos: todo es ocio y todo ocupación. El Espíritu unifica sus vidas.

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