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  • Foto del escritorRaquel Oliva

Cuaresma


Imagen de cuaresma morada llamando a la conversión

PREPARADOS, LISTOS… ¡YA! “Fijemos con atención nuestra mirada en la sangre de Cristo, y reconozcamos cuán preciosa ha sido a los ojos de Dios, su Padre, pues derramada por nuestra salvación, alcanzó la gracia de la penitencia para todo el mundo”

Con los ojos fijos en Aquel que inicia y completa nuestra fe, revistámonos con los vestidos del Espíritu. Tú que portas el gran nombre: “cristiano”. Tú que eres hijo del gran Rey. Tú que serás hecho Dios en la carne, apártate de todo pecado, mira al Sol que nace de lo alto y corre esperanzado. Corre desnudo y ligero, tú, atleta de Cristo, que el Espíritu que te unge haga escurridizos tus miembros para que la Bestia no te retenga. Unas aguas, murmullo lejano se oyen. Entre cantos, un día esas aguas añadieron aguas: eran las lágrimas del converso Agustín. La Noche de las noches se acerca. La Noche en que la Iglesia da a luz. La Noche en que tantos hermanos nos han nacido y nos nacen. La Noche en que somos nuevamente nacidos.

“Despierta, tú que duermes, y #Cristo será tu Luz”.

“Entrégame la túnica resplandeciente, tú que vas recubierto con la luz por vestido, oh muy misericordioso Cristo, Dios nuestro”

Sea este tu único deseo: Jesucristo. Sea este tu único anhelo: su misma vida. Pídele al Dios de todo don tenerte por digno de portar su nombre: “cristiano”. El que da su nombre, lo da el día antes de la #Cuaresma y el presbítero toma nota del nombre de todos, es decir, antes de la ocho semanas durante las que dije que se celebra aquí la Cuaresma. Y cuando el presbítero ha anotado el nombre de todos, luego, al día siguiente, o sea, cuando comienzan las ocho semanas de la Cuaresma, se coloca un sitial para el obispo en medio de la iglesia mayor, es decir, en el Martyrium; los presbíteros se sientan en asientos a un lado y otro, y todos los clérigos permanecen en pie. Y después son los candidatos uno a uno; si son hombres, vienen con sus padrinos; si son mujeres, con sus madrinas. Entonces el obispo pregunta, cada vez, a los vecinos del que ha entrado diciéndoles: “¿Lleva buena #vida? […] Pero si es acusado en algo, les ordena salir fuera diciendo: “Que se enmiende, y cuando se haya enmendado, podrá entonces acceder al bautismo[…]” (Egeria, s. IV).




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